CARLOS RODRÍGUEZ

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M.D.G. Carlos Alberto Rodríguez Torres

Egresado de la Facultad de Artes Visuales de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Con experiencia de más de 18 años como diseñador gráfico, en su trayecto profesional ha desarrollando su trabajo para diferentes empresas y de manera independiente. Del 2010 a la fecha aporta sus conocimientos por medio de la docencia, impartiendo clases en la Facultad de Artes Visuales de la U.A.N.L. Cuenta con un título de Maestría en Diseño Gráfico con Orientación en Dirección Creativa.

Ha colaborado como ilustrador en diferentes revistas editoriales, y ha participando en exposiciones colectivas tales como Muerterrey, Sendero de los Muertos, The Warsie Force: Homenaje a Star Wars, Exhibición de Stencil, Exposición 36, todas ellas desarrolladas en diferentes espacios culturales tales como la Galería Regia, Centro Cultural BAM, Centro Cultural Mina 911, Escuela Adolfo Prieto, Graficante, el ART y la Facultad de Artes Visuales.

El juego cromático forma parte importante en sus piezas, la intensidad del color es parte fundamental en la aportación de su trabajo, considerando el colorido como elemento fundamental para la transmisión de situaciones, estados de ánimo o nostalgia. Contempla el color como parte de su mexicanimso, ya que considera de manera importante la influencia de sus raíces mexicanas.

El juego, el aprendizaje, lo onírico, forman parte de los temas que trata en sus piezas, así como también la cultura mexicana, el costumbrismo y lo artesanal enriquecen sus temáticas y su exploración.
Considera como influencia importante las ilustraciónes de libros de texto e ilustraciones de cuentos.

Su trabajo como productor visual abarca desde ilustración manual, ilustración digital, pintura con acrílicos, modelado en barro, modelado en pasta para modelar, tallado en madera y stencil.

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ELISEO CARRANZA GUERRA

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(Monterrey, 1958).

Maestro normalista (Escuela Normal Miguel F. Martínez, 1977), Licenciado en Letras Españolas (UANL, 1989), Máster en Educación Media Superior (ENSE, 1984), Coordinador de Letras Hispánicas de la UANL (desde 2015). Coordina talleres de Creación Narrativa y de Poesía desde 1993. Ha obtenido primeros lugares en diversos concursos de narrativa breve y sus textos han sido antologados en varias publicaciones electrónicas y en papel.

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EL ESPEJO

Se le ha dicho que nunca vaya a mirarse al espejo cuando la luna llena lo ilumine. No recuerda quién fue. Han pasado muchos días desde entonces. Pero hoy, sus aburridos pasos lo han llevado al gran salón de su vieja residencia. Y, como otras veces, se detiene en el dintel y mira con atención. No hay nadie. Las cortinas abiertas dejan pasar la pálida luz del plenilunio. Un ruido leve, quizá la brisa, lo obliga a mirar hacia el espejo estilo Imperio. Avanza un paso y cuando su pie logra tocar la duela, el eco de una risa infantil lo paraliza. Vino de lejos, como si hubiera atravesado un mar de tiempo para llegar ahí. Haciendo un esfuerzo avanza un paso más y nada ocurre. Animado por esta señal, sigue andando. Está a poco menos de dos metros cuando percibe con el rabillo del ojo una rápida sombra. ¿Una mujer? ¿Un vestido de amplio vuelo? Fue tan rápido que no puede saberlo con precisión. ¿Y si fuera verdad que comparte esta casa con seres malignos como algún día le previno la abuela? Se quiere devolver a su recámara y dejarse envolver por el protector ruido de algo que se mece y que lo obliga a cerrar sus sentidos nerviosos al mundo que lo desprecia. Pero también desea llegar al espejo, mirarse en él mientras la luna llena sigue iluminando. Cobarde lo han llamado y sabe que en el fondo no lo es. Entonces, otras sombras pasaron con fugacidad. Afuera, la brisa trae voces que se apagan apenas las oye. Se siente arropado por el frescor de la noche; con un temblor apenas disimulado, se acerca, por fin, al espejo. Se coloca en una de sus esquinas, se asoma y no se ve reflejado. ¡No se ve, no se ve! En cambio, ahí en esa superficie plana, diáfana como la luz de la luna, ve y oye a unos niños, una mujer y un hombre que platican alegres bajo la cálida luz de unos candelabros nuevos, una alfombra bella y limpia, en este gran salón reluciente, fino, amable, opuesto al suyo donde está mirando con la boca abierta, viendo a una niña que lo mira y dice con una voz llena de terror: “¡Miren! ¡Ahí! ¡Un fantasma!”.

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NAVIDAD EN LAS MONTAÑAS

Atardece, y veo que la ventisca arrecia. Afuera de los restos de la avioneta sólo diviso un desolador panorama blanco. Llevo cuatro días atrapado entre los escombros y ninguno de quienes me acompañaban ha sobrevivido. Ni mi esposa, que yace a mi lado como si durmiera. Pensábamos pasar las fiestas navideñas en Valparaíso, pero el destino quiso otra cosa aquí en algún lugar de los Andes. Después de mucho batallar, logré hacer un pequeño fuego y tengo todo listo para realizar mi primer alimento. Qué tremenda es la Vida. Hoy es Navidad, una fecha digna de una cena que, para mí, será más que especial. No tengo mucho de dónde elegir; pero, tampoco creo que a mi esposa —en caso de que pudiera —le importaría cederme un muslo o una paleta.

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Stipes de Nocte

Antenoche fui caritativo y sin embargo, me tendré que ir de esta ciudad. ¿Por qué nada puede ser fácil?

Lo bueno es que no hubo luna. Todo ocurrió en el Parque Hundido. Cada que los humanos actúan con violencia provocan olores que me atraen. Por eso fui a ver lo que sucedía. No tiene caso que lo recuerde, pero no me puedo sacar la desamparada expresión del niño recién ultrajado por esa bestia. Tampoco puedo olvidar el olor a sangre derramada. Aún estaba vivo y su victimario huyó cuando adivinó mi silueta arriba de la farola. Huyó más por el miedo a sus actos que por el miedo mismo. Y ahí estaba la criatura, desangrándose, con la ropa hecha jirones. Patético hasta para alguien como yo. Y su mirada triste clavándose en el brillo de mis ojos. Descendí hasta él.

Lo salvé. Así nada más. Alcé su pecho y descubrí su cuello. Hundí mis colmillos y apenas pude resistir un temblor cuando mi garganta comenzó a tragar. Nunca había probado nada tan joven, tan sutil. No podía dejar que muriera así, lejos de la justicia que lo abandonó. Le ayudé a vestirse, a recomponer su ropa maltratada. Le expliqué cómo tendría que hacerlo y le señalé hacia dónde huyó el pérfido.

Fue así que ayer volví al Parque Hundido. Él debía de andar por ahí. Siempre volvemos al punto de origen; por eso sabía que el niño andaba cerca. Entonces, seguí la ruta que le había enseñado y, no muy lejos, dentro de un bote de basura, presentí un cadáver. Era el ultrajador. La turbia luz de las farolas me mostraron decenas de pequeños agujeros en el inútil pene arrumbado cerca del cuerpo desangrado. Sonreí. No pude evitarlo.

Cuando me giré para tomar el vuelo, vi al niño. Estaba con la respiración agitada, como si hubiera corrido mucho. Su cabello desordenado me informaba de lo mal que lo había pasado. Me dio ternura. Le hice un gesto invitándolo a seguirme. Bajo la oscura sombra de unos árboles, lo liquidé. La justicia ha sido vindicada y ahora tengo que irme de esta ciudad, por mi propio bien.

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Miguel Cantú

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Miguel Ángel Cantú, nacido en Monterrey Nuevo León en el año 1993, inspirado por los creativos dibujos y pinturas del monero Leonel García, su abuelo, comenzó a dibujar desde pequeño. Estudió Diseño Industrial en la Facultad de Arquitectura en la UANL, donde lo que más le apasionó, fueron las técnicas de representación y dibujo. Hambriento de técnicas más técnicas pictóricas comenzó a buscar en talleres en Conarte, cursó “Ingeniosos acrílicos” con Joel Flores en 2012, de manera autodidacta ha aprendido acuarela y durante 3 años consecutivos cursó en talleres de dibujo y grabado con el maestro Enrique Oviedo en la Escuela Adolfo Prieto, donde se ha obsesionado con el grabado en diversas técnicas. En el año 2012 obtuvo el segundo lugar en el Certamen comic e historieta, y en el 2014 el tercer lugar en el mismo certamen. Ha participado en exposiciones colectivas en la Escuela Adolfo Prieto (Trazos del blanco y ruidos del color, 2014), en Abasolo (Arquitectos en el Arte, 2016) así como en el evento de Mexigráfika 2016.

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Armando Alanís Pulido

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Originario de Monterrey, Nuevo Léon, poeta y promotor cultural. Es fundador y creador del proyecto Acción Poética, que actualmente se lleva a cabo en más de treinta países.

Hoy nos acompaña con tres poemas de su libro Balacera, Ganador del premio Gilberto Owen 2014-2015 y publicado por Tusquetts en el 2016.

GUILLOTINA

Antes de seguir órdenes de los de arriba, ya había caído muy bajo.
Antes de las armas largas, ya tenía el alma corta.
Antes de la decapitación, había perdido la cabeza.

 

TIRO DE GRACIA

(¿Alinearse o alienarse?)

Pero tú escribiste con humor tu poesía romana
y que la vida se encuentre retratada en ella.
Marco Valerio Marcial

¿No es gracioso miembros del senado? hay instantes tan parecidos a los instintos
Hay blancura en mi escritorio: la página, el polvo…
Y me elevo y luego caigo y algo sale de mi cabeza
(supongo son los efectos del poema, porque de músico, poeta y coco
todos tenemos un poco).
Consúmanse en sus discusiones estériles,
esas en las que nadie habla de los índices de consumo,
eso sí, ya en lo oscurito la praxis, la praxis…
y los testigos firman, afirman y confirman
que les dan línea.

TAMBIÉN LO INVISIBLE DESAPARECE

(Nuestra nueva nostalgia)

Estoy seguro que la felicidad estaba por aquí.