Los sueños son y han sido a lo largo de la historia motivo de estudio, interpretación psicológica y astrológica. Para algunos pretexto para hacer predicciones y profecías, para otros, motivos para escribir, pintar o crear piezas musicales.

Desafortunadamente, yo no sé muy bien dónde empiezan los sueños y dónde termina la realidad o viceversa. Mi mente divaga en el transcurrir de la cotidianidad, mis sueños no terminan cuando abro los ojos y me dispongo a comenzar un nuevo día. Pocas veces recuerdo lo que sueño por las noches pero, podría escribir un libro sobre los absurdos y lo verdaderamente maravilloso que sueño despierta. Me basta con escuchar un sonido que me saque de la rutina, una palabra que me remita a una lectura pendiente, una música que me inspire un párrafo que dejé inconcluso, casi cualquier cosa puede distraerme para empezar a soñar. Creo que es la forma que encuentro para evadirme. Quizá por eso nunca fui una buena estudiante.

Más de una ocasión, estando con una o varias personas, me he dado cuenta que no he puesto atención a la conversación, quizá me he puesto a resolver problemas, a filosofar sobre la cantidad de sapos que alguna vez besé o a soñar qué hubiera pasado si ese momento lo hubiera vivido siendo alguien más. Suelo observar mucho a las personas, intento más que escucharlas, descifrarlas, entender lo que callan más que lo que dicen y eso me lleva a imaginarlas sin poses, sin secretos, en una intimidad que a veces se me antoja grotesca pero me lleva a crear personajes, a enamorarme o a odiar a ese ser que he creado a partir de algo tan casual como un comentario sin importancia. Me he descubierto odiando o amando a alguien a partir de mis divagaciones. Al final, sólo espero que de esa conversación que ignoré, no me pregunten nada ni quieran involucrarme en ella porque obviamente no me he enterado de nada.

Soñar es también tener mi espacio privado, donde puedo jugar con la memoria. Los recuerdos son elásticos y moldeables. De todo aquello que he vivido tengo una segunda versión siempre más divertida o más trágica. Quien haya estado conmigo en lo real (sea lo que esto signifique) ha estado más veces en mis sueños, de más formas y en más circunstancias de las que pueda yo aceptar. Quien forma parte de mi vida forma más parte de esos sueños que se han ido moldeando tanto que quizá, no quede mucho de lo que el resto de los mortales llaman real. Renovar la realidad, moldear los recuerdos son un loco recurso para mantenerme cuerda, una manera de conservar presente a quien se ha ido y de alejarme de donde no quiero estar. Soñar es a fin de cuentas, una forma de sobrevivir a la rutina, al mundo terrible de la responsabilidad adulta, a lo cruel que a veces es eso, que llaman realidad.

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