Memoria

Autor: Patricia Butrón

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La cámara fotográfica: ese dispositivo antiguo que logra crear documentos visuales “exactos y naturales” de forma mecánica y automática de tal manera que revoluciona la idea misma de la documentación histórica del hombre. La fotografía es memoria individual y social. A través de ella comprendemos mejor aquello que no hemos podido ver, pero se nos ofrece a través del ojo del fotógrafo. La cámara logra plasmar materialmente algo tan inmaterial como el instante, esa imagen que se transforma en segundos. Logra almacenar algún tipo de esencia, que para la memoria representa la materialización de la lucha contra el tiempo y la muerte.

 

La cámara fotográfica no sólo se convierte en una materialización de la memoria, sino que comienza a formar parte de la historia documentada del individuo, así podemos no sólo conocer a nuestros antepasados sino el pueblo donde vivían, la casa o incluso las mascotas que tenían.

 

En el inicio, las familias se fotografiaban en los acontecimientos importantes, se vestían con sus mejores galas para posar ante la cámara porque se estaba documentando la historia familiar, el legado se valoraba y por esto se convertía casi en un ritual. Y es que en aquellos años la fotografía se entendía de una forma muy distinta, el costo de las cámaras y la dificultad para transportarlas envolvía todo aquello en una especie de magia. El fotógrafo era un hechicero, capturando recuerdos, caras, instantes que de otra forma se desvanecerían en la memoria. Todos tenemos la necesidad de recordar y la fotografía nos da la oportunidad de no olvidar.

 

Después, las cámaras se volvieron prácticas, pequeñas y las familias compraron una, la llevaron con ellos a los viajes, tomaron fotos de los cumpleaños, travesuras y nacimientos de hijos, sobrinos y vecinos. Se contagió el gusto por retratar lo propio: el primer coche, el primer uniforme, el vestido de novia. También se abarataron los costos de impresión e inició la costumbre de enviar la típica postal a los amigos y familia en los viajes o a los que vivían lejos. Mi abuela paterna tenía esa maravillosa costumbre de narrar las fotografías al reverso, una pequeña nota: Beto,1958 multifamiliar alemán, último día de clases, México D.F;  detalle que se agradece cuando 56 años después queremos saber quiénes fueron retratados, cuándo y en dónde.

 

Los álbumes familiares crecieron. ¿quién no ha pasado tardes eternas en casa de los abuelos descubriendo a su papá a los 5 años con una pelota y la ropa manchada de lodo? Nada hay más valioso que una fotografía de aquello que sólo conocimos por lo que nuestra familia nos cuenta, la nostalgia nos llena, pero también se evoca lo perdido, aquello que fue. Recordar al que se marchó a vivir lejos, al que murió, al amigo que dejamos de ver nos recrea el pasado y nos ayuda a comprender nuestro presente. Con el tiempo también descubrimos que el recuerdo nos traiciona y a través de la fotografía nos reencontramos con un novio que no era tan guapo como lo recordamos o con un vestido que no lucía tan bien como en ese momento pensamos.

 

Las cámaras fotográficas han evolucionado, la digitalización ha permitido traer en el teléfono celular, en el reproductor de música o incluso en el reloj, una cámara con muy buena resolución que además tiene acceso a las redes sociales. El uso de filtros, la edición de imágenes y los trucos de cámara son utilizados por cualquiera que tenga un aparato de éstos. El significado de la fotografía ha cambiado y también el uso de la cámara y aunque no se puede llamar fotógrafo a cualquier experto en el uso de photoshop, es verdad que cualquiera captura imágenes. El significado de esas imágenes también ha sido modificado. Los cánones de belleza se marcan a partir del ojo de los fotógrafos de moda, la mercadotecnia manipula la fotografía para convencernos de comprar ciertos productos, la política nos bombardea con fotografías de sonrisas falsas, la economía de productos inservibles, incluso son manipuladas las imágenes de la naturaleza y eventos sociales para convencernos de apoyar una causa determinada. Nada puede llegar a ser tan falso como una fotografía, si antes era la garantía de que algo sucedió, ahora toda fotografía puede ser manipulada por las razones más ruines.

 

Como sociedad nos damos ahora a la tarea de capturar imágenes de cualquier cosa y compartirlas en las redes sociales. Somos una sociedad que parece haber perdido la  necesidad de recordar y en cambio adquirimos una gran necesidad de ser vistos, llegamos al ridículo con la selfie del día. Compartimos la foto del desayuno, porque se ve muy sabroso y estamos en el restaurante de moda: que todos vean dónde estoy, con quién y porqué razón; pero también si el desayuno es sólo una mísera taza de café sobre el escritorio. La impresión de fotografías cada vez es menor a pesar de que la captura de éstas es infinitamente mayor. Pero lo cierto es que nuestra historia no sería la misma sin esas imágenes. Yo no concibo contar mi historia sin esos álbumes amarillentos donde aparezco con un pastel decorado con barquillos de galleta y quizá mi hija no conciba contar su historia sin sus álbumes de Facebook e Instagram. La fotografía es sin duda una extensión de nuestra memoria y parte fundamental para conocer y entender nuestra historia.

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